El Club
La ciudad, la naturaleza y una vida sin dejarlos atrás.
Un círculo de personas en Madrid que se niegan al pequeño renuncio de dejar al perro en casa, y que prefieren hacer menos cosas, mejor y en buena compañía.

Ciudad × naturaleza
Dos apetitos, una vida.
Madrid nos da mesas, galerías, patios y tardes largas. A una hora, el paisaje nos da silencio, agua, granito y aire frío. Casi todo el mundo elige uno y visita el otro en vacaciones.
El Club nace de la convicción de que los dos caben en el mismo año, en las mismas amistades y en el mismo fin de semana, y de que el perro que va contigo los hace más vivos, no más complicados.
Quién se reúne aquí
Definidos por su actitud.
Gente que planifica contando con ellos
El perro no es un obstáculo para el fin de semana. El perro es la razón por la que merece la pena.
Gente con gusto y con paciencia
Se fijan en cómo se pone una mesa, en cómo resuelve un anfitrión un momento difícil, en cómo trata un sitio a un animal.
Gente que aparece
Una comunidad solo existe si vuelven las mismas caras. En parte, los socios se eligen por eso.
Principios
Cuidado, discreción, conducta.
Cada espacio se pregunta, nunca se da por hecho
Solo publicamos una experiencia cuando el espacio ha aceptado por escrito recibir perros en las condiciones que describimos.
El bienestar marca el límite
Tamaño del grupo, calor, terreno, duración y carácter se valoran en cada formato. Si no es bueno para los perros, no se hace.
La discreción se da por supuesta
Lo que se dice en la mesa se queda en la mesa. En los rituales de socios solo se fotografía con consentimiento.
Acompañar es un oficio
Cada encuentro tiene un anfitrión cuyo único trabajo es que nadie —persona o perro— se quede al margen.
La selección protege la experiencia
Aceptamos un número limitado de socios cada temporada, con una valoración de bienvenida para el perro. La selección va de encaje y cuidado, no de estatus.

